
“Ahora veía que mis intentos de dar seguridad a la existencia habían salido fallidos. No había seguridad contra el destino y contra lo determinado por las contingencias del azar. Se temían las moscas, y el peligro llegaba en un automóvil; se pensaba en la miseria, y se veía uno enfermo del tifus. No había manera de prever nada. Lo mejor era entregarse a los acontecimientos, no tomar precaución alguna”.
(de “Susana”, Pío Baroja)