
“Durante
el reflujo, maravillas de formas y de colores se escurrían entre mis
pies; yo quería tomarlas, pero se me escapaban; aquellas que
alcanzaba, las encontraba más bellas que cuando las había
entrevisto: trozos de nácar dignos de ornar una vitrina o,
engastados en oro, de enjoyar el dedo de una mujer; pura ilusión de
arena coloreada; fragmentos y guijarros que, al secarse, se volvían
tan delustrados y vulgares como la gravilla del sendero de un
jardín”.
(de
“En los mares del sur”, Robert Louis Stevenson)