Bitácora de Sergio Casado

lunes, 17 de septiembre de 2012


Alguna voz habrá estos días que recuerde a Labordeta, voz de Aragón que una vez desaparecida, deja esta tierra tan huérfana de algo que no sea mostrenquez, que queda uno totalmente desanimado. Leo esta tarde la “Historia de Paletonia” de Labordeta, que en 1977 escribió unas crónicas sobre esta tierra desnaturalizada ya, sin rumbo, que no sabe lo que fue (si alguna vez fue algo), lo que es, ni lo que quiere ser. Un puro absurdo. Por aquí quedan los últimos resistentes, como Xoquín o Maestre Paz, entre otros. Pero sin El-Llaboreta, tras el que no-se-esconde Labordeta, Paletonia es cada vez mas Paletonia. Paletonia del Imperio Romano. Ahora Paletonia del Imperio Germánico de Merkel y las voces del Imperio del No-Se-Qué. Sólo queda seguir leyendo y recordando a Labordeta, para no acabar del todo pensando como todos.


... Villa Paletón se hizo un monstruo, pues la ilusión era meter a todo el personal en ese corrico: cuanto más gente, más casas; cuantas más casas, más cemento; cuanto más cemento, más dividendos y cuantos más dividendos, más alegría en el templo Pardus Vincitorix, directamente unido a los templos romañones de los Alpes – actual Suiza.”
(de “Historia de Paletonia”, de Jose Antonio Labordeta).

viernes, 14 de septiembre de 2012


Hay dos yoes. Uno alucinado, que le gusta el abismo, que va donde el otro nunca se aventura. En mi caso se aparece, apareció un rato. Cree vislumbrar una realidad escondida, un orden oculto. Pero el otro yo le dice que es una alucinación, una imaginación, un desequilibrio. Pero al otro yo le gusta cuando ese yo alucinado aparece y se deja llevar por esas alucinaciones, y escribe, o bebe, o improvisa, o cree en sí mismo, o cree hallarse en un momento mágico, como si estuviera fuera de sí. Jekyll y Hyde están siempre juntos, siempre buscando apoderarse del otro e imponer su presencia, su dominio. Ojalá pudiera empezar un cuaderno nuevo, o seguir el anterior. Escribir de nuevo y ser poseído por el alucinado, pero no es así. Estoy ahora en la planicie y añoro el abismo. Y no me veo capaz de provocarlo. Ha de aparecerse.


... Fue en el aspecto moral, y en mí mismo, donde aprendí a conocer la total y primitiva dualidad humana; vi que había dos naturalezas que contendían en el campo de mi conciencia; sin faltar a la verdad, podía asegurarse que cualquiera de las dos era la mía propia, ya que, en realidad, aunque fuesen contradictorias, ambas eran mías. ….”
(de “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Robert Louis Stevenson). 

jueves, 6 de septiembre de 2012

El cabo de Buena Esperanza


Unos días estupendos de arranque de septiembre. Un instante breve antes del otoño. Las preocupaciones, los malestares, las dudas, la confusión, están siempre metidas en las lentejas de cada día, pero hay que mantenerse firme en el barco. Arranqué esta bitácora hace un año, intentando recordar, tener siempre presente el viaje de Slocum en el Spray. Tengo el libro siempre cerca, a mano, para leer un párrafo o una página. Es un leit-motiv, una manera de ver y encajar. No podemos perder las ilusiones, ni dejar de alegrarnos por estar vivos, por caminar un rato, por vivir en paz, entre tantos problemas (pequeños o grandes). Y a esos problemas, no apartarles la cara, no mirar para otro lado, no esconderse. Estar vivos y luchar. Y cuando se pueda, disfrutar.

... No es que las temiese más a bordo del Spray que en un barco grande, sino que siempre he preferido, a ser posible, el tiempo bueno en cualquier circunstancia. Verdad es que en toda época puede encontrar tempestades fuertes en las cercanías del cabo de Buena Esperanza, pero en verano son menos frecuentes y no duran tanto. … ”.
(de “A bordo del Spray”, Joshua Slocum)

jueves, 23 de agosto de 2012


Ola de calor que no le deja a uno pensar, si ya piensa por lo general en madeja revuelta e inconsciente. Pudre el verano, a veces, o con insistencia. Escapo apenas a ratos, con películas, con libros como el más reciente de Miguel Sánchez-Ostiz y con la primera novela de Scott Fitgerald, con la reciente biografía de Mainer sobre Baroja. Algún baño en el mar, muchos picotazos de mosquitos, muchas vueltas en la cama sin conciliar el sueño, una brújula interior que anda loca. El firme deseo de que llegue ya septiembre, de cambiar la perspectiva a marchas forzadas, si yo no encuentro mi propia manera de cambiarla.


La asombrosa manera en que tú mismo te metes en callejones sin salida, o en cepos, creyendo que corres en campo abierto”.
(de “Idas y venidas”, Miguel Sánchez-Ostiz)


lunes, 13 de agosto de 2012


Lío fenomenal por el desorden que tengo, en el que no sé si ir para adelante o para atrás, si calmarme o seguir revolucionado. No sabe uno que rumbo tomar, que camino es el bueno, que consejo vale y cual no. Libros leídos aquí o allá, todos en desorden, en un sitio o en otro, papeleos variados, certificados, cartas, correspondencia desmadejada, tristezas y alegrías que difícilmente casan. Un demonio interno que me mata y no entiendo, que no me deja ver claro en una niebla espesa, que no me deja ver quien soy realmente.

Aquel hombre era un demonio.”
(de “Martín Eden”, Jack London)

miércoles, 8 de agosto de 2012


Días en Madrid achicharrado, para atiborrarme de cine, rematar la trilogía de Baroja con “Los amores tardíos”, maravillarme con ese Jack London de “Martín Eden”, ver las exposiciones de William Blake, Hopper o E.L. Kirchner. Me retiro un rato. Camino y voy allí y allá. Pero los momentos en que me encuentro mejor es cuando estoy con un libro, buscando frases o párrafos mágicos, cuando escucho algo de música clásica o cuando de mañana voy a hacer la compra al mercado. Son los pequeños pasadizos para salir de la confusión y la incertidumbre, sabiendo que mi pesimismo y ansiedad no pueden sacudirse de cualquier manera. Se puede vivir con poco, comprar libros baratos, comer humildemente, y olvidarse del Jekyll que te habla con la otra voz, la voz de otro yo.


Éste es un gato español, traído de un barco. Es tuerto y está lleno de heridas. Es un gato aventurero; debe ser soldado de algún duque de Alba gatuno. Yo le llamo viejo bandido; asesino de gatos pequeños. Suele pasar tres y cuatro días fuera, no se sabe en dónde, y, según parece, riñe con los demás gatos. Después de sus excursiones vuelve a casa y pasa días durmiendo en una silla, cerca del fuego, hasta que, sin duda, toma fuerza y se larga de nuevo a seguir sus aventuras”.
(de “Los amores tardíos”, Pío Baroja)


martes, 7 de agosto de 2012

El olvido de sí mismo


Casi tres meses de parada laboral, yendo y viniendo, sin nada claro. Pura confusión e incertidumbre pero el deseo permanente de que no se pudra el ánimo, de seguir la pelea y en los momentos de bajón, la necesidad de buscar algo, lo que sea, para ir de nuevo para arriba. Para seguir levantándose de la lona si te sacuden algún guantazo. Para no pensar que ese ambiente funesto que hay por doquier no es sino otra prueba. Agarro como siempre a Stevenson y Vailima y dan ganas de seguir disfrutando d buen tiempo, del verano, de que estamos vivos, de que hay que olvidarse de uno mismo, de los fantasmas y demonios internos más pesados, los que más incordian.


Si hubiere aquí alguien enfurruñado como un niño, ocúpate de él e ilumínalo. Vierte sobre él la claridad del día, para que se vea a sí mismo y se avergüence. Guíalo hasta el cielo, Señor, por el único camino celestial: el olvido de sí mismo. Y que se haga la luz sobre quienes lo rodean, a fin de que ellos lo ayuden y no siembren su camino de obstáculos”.
(de “Oraciones de Vailima”, Robert Louis Stevenson)