Hay
dos yoes. Uno alucinado, que le gusta el abismo, que va donde el
otro nunca se aventura. En mi caso se aparece, apareció un rato.
Cree vislumbrar una realidad escondida, un orden oculto. Pero el
otro yo le dice que es una alucinación, una imaginación, un
desequilibrio. Pero al otro yo le gusta cuando ese yo alucinado
aparece y se deja llevar por esas alucinaciones, y escribe, o bebe, o
improvisa, o cree en sí mismo, o cree hallarse en un momento mágico,
como si estuviera fuera de sí. Jekyll y Hyde están siempre
juntos, siempre buscando apoderarse del otro e imponer su presencia,
su dominio. Ojalá pudiera empezar un cuaderno nuevo, o seguir el
anterior. Escribir de nuevo y ser poseído por el alucinado, pero
no es así. Estoy ahora en la planicie y añoro el abismo. Y no
me veo capaz de provocarlo. Ha de aparecerse.
“...
Fue en el aspecto moral, y en mí mismo, donde aprendí a conocer la
total y primitiva dualidad humana; vi que había dos naturalezas que
contendían en el campo de mi conciencia; sin faltar a la verdad,
podía asegurarse que cualquiera de las dos era la mía propia, ya
que, en realidad, aunque fuesen contradictorias, ambas eran mías.
….”
(de
“El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Robert Louis
Stevenson).
No hay comentarios:
Publicar un comentario