Bitácora de Sergio Casado
Mostrando entradas con la etiqueta Ignacio Aldecoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ignacio Aldecoa. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de noviembre de 2012

El puerto de la Luz


Cuando menos lo esperas, un párrafo espléndido en un rincón escondido. Un autor que no has transitado a fondo, pero con rincones y textos que merecen explorarse. Hay que buscar constantemente puerto para recobrar fuerzas, un Puerto de la Luz como el que se describe en el “Cuaderno de Godo” de Aldecoa, autor viajero y aventurero.


... Entran los grandes barcos y se alimentan del oleoducto. Barcos de todos los continentes. Petroleros y cargos y trasatlánticos de pasaje. Un barco está pintado de un delicado color violeta hasta la línea de flotación; del violeta que usan algunas señoras mayores en las decimonónicas cintas del cuello. Un petrolero gris azulado se despide con un largo sirenazo. En el Puerto de la Luz los colores de los barcos tienen una fuerza y un temblor especiales. Las grandes letras naranjas de un barco holandés alegran el ojo del que las mira. Un cargo inglés muestra bajo la línea de flotación cuatro pies de pintura verde esmeralda. Pero el traje común de la mayoría es negro hasta la línea de flotación, rojo desde la línea hasta la quilla. Los barcos siempre visten de sport.”
(de “Cuaderno de Godo”, Ignacio Aldecoa)

miércoles, 11 de enero de 2012

Empezó el año a todo trapo y pasaron ya once días de enero, que se abren paso y a poco le tiran a uno al suelo. Va todo rápido y yo he empezado despistado, mareado, muy poco firme. Así que sigo con el plan de metas fáciles, lecturas breves ya que con las más exigentes no parezco centrado. Hay que mantenerse a flote como sea. Empujarse a leer, a escribir, a hacer algo, a estar atento a todo, a lo laboral, a lo que nos rodea, a los nuestros. Y en medio, unas torrijas en el café Levante con R. y M. en medio de un día luminoso de invierno, el de ayer. Y hoy, la pequeña dosis de Aldecoa, para tener la sensación de que conozco mejor lo que escribió, para aprender, aunque sea poquito a poco, porque me parece que no hay otra manera. Poco a poco, para ir tirando, para no quedarse tirado en el camino.

Sobre las siete y media caían por allí dos carcamales con aire de donjuanes viejos. Las de la timba les solían saludar cariñosamente: hola, Manolo... ¿qué tal, don Seve? Ellos, uno detrás de otro, gazmoñeaban invariablemente: “viviendo, viviendo, que no hay nada mejor” “.
(de “El loro antillano”, Ignacio Aldecoa)

domingo, 9 de octubre de 2011

Una semana que arrancó con propósitos lectores que he cumplido. Poco más. Fríos otoñales del viernes cierzero que me destemplaron un tanto. Fin de semana extraño, ajeno a las fiestas pilaristas, que no me interesan un pimiento. Lecturas de notas y artículos sobre Romeo. Su presencia (lo escrito por él y por otros) y su ausencia. A propósito de la conexión que hice entre él y Pessoa, hallé, casualmente, entre mis papeles, el recorte de su crítica a los “Diarios” de Pessoa: “... es un libro para fans de Fernando Pessoa. Por eso me ha gustado: soy un fan de Fernando Pessoa”. Vuelvo a plegar el recorte. Al final todo acaba siendo un recorte plegado.

Nuestra fugacidad y el absurdo se combaten (sólo un poco) con lo escrito (a menudo plegado). Esta semana terminé “Parte de una historia”, de Aldecoa, la representación de una fugacidad hecha de realidad y ficción, imaginación. La isla Graciosa, en las Canarias, el naufragio, la imprudencia y la desaparición por esa imprudencia, el viaje real y el trasladado a la ficción. Un libro maravilloso y estimulante y arranque, espero, para conocer mejor lo escrito por Aldecoa.

... no logro armonizar esta desmayada realidad con el emanante recuerdo, que, turbio y cálido, me anega.”
(de “Parte de una historia”, Ignacio Aldecoa)