Bitácora de Sergio Casado
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viernes, 13 de diciembre de 2013

Intentando con alguna pequeña lectura ser un poco menos analfabeto, sigo avanzando con Orwell. Tras leer "Recuerdos de la guerra de España" y "Sin blanca en París y Londres", formidables, sigo la recomendación de mi hermano y E. me presta "Rebelión en la granja". El libro es, sencillamente, de los mejores que he leído nunca. Va directo al grano. No falta nada. No sobra nada. Aterrador. Actual, como esta Europa que vuelve a las andadas de la Hipocresía permanente. Como nuestra "neolengua" de diga ajustes no diga recortes. No viene mal esa lectura. Me agarro a eso y a empezar el trabajo de un nuevo libro, sobre el poeta, crítico, cineasta, guionista, novelista, lúcido y bebedor, Manolo Marinero. Es una antología de sus escritos; he arrancado con fuerza, con muchas ganas, en un camino que estaba ahí llamando, permanentemente. Cualquier cosa para espantar a los fantasmas.

"Mientras tanto, la vida seguía siendo dura. El invierno era tan frío como el anterior, y la comida aún más escasa. Nuevamente fueron reducidas todas las raciones, exceptuando las de los cerdos y las de los perros. "Una igualdad demasiado rígida en las raciones - explicó Squealer -, sería contraria a los principios del Animalismo". De cualquier manera no tuvo dificultad en demostrar a los demás que, en realidad, no estaban faltos de comida, cualesquiera que fueran las apariencias. Ciertamente, fue necesario hacer un reajuste de las raciones (Squealer siempre mencionaba esto como "reajuste", nunca como "reducción"), ..."

(de "Rebelión en la granja", George Orwell) 

miércoles, 1 de mayo de 2013


Días finales de Abril de lluvias y fríos, de encuentros con gente conocida que parece aplastada por el empuje de esta gran borrasca de inquietud e incertidumbre. Así se van apagando los sueños de casi cuarenta años de democracia: sin rumbo, sin saber lo que se quiere ni hacia donde dirigirse. Un primero de Mayo con las voces silenciadas, narcotizadas o desaparecidas. Sólo queda la resistencia hasta donde se pueda, en una especie de exilio interior, en aquello en lo que todavía uno cree: el arte, los libros o una buena película.


POR RARO QUE PAREZCA
Me hice ilusiones.
No sé con qué, pero las hice a mi medida.
Debió de haber sido con materiales muy poco consistentes.
(de “Nada grave”, Ángel González)

jueves, 13 de diciembre de 2012


Más libros. Aquí y allá. Poemas en una búsqueda sin ton ni son. Mi vagabundeo. Firmo en la Biblioteca de Aragón, la que desearía abriera 365 días al año, contra el recorte. Ahora cerraran durante los sábados del próximo año, que tiene un presupuesto de cero euros para comprar nuevos libros. El panorama es cada vez más oscuro. Tomo prestados “Noche de los enamorados”, de Félix Romeo y “Confesión”, de Tolstoi, para releerlo. El refugio de la lectura y veremos por donde salimos.


"La vida de nuestra clase, la de los ricos y los sabios, no sólo se volvió desagradable para mí, sino que perdió todo sentido. Todos nuestros actos y pensamientos, nuestra ciencia, nuestro arte, se me revelaron como una nueva complacencia. Comprendí que allí no era posible encontrar un sentido. Los actos del pueblo, trabajador, de aquellos que crean la vida, se me presentaron como el único camino posible".
(de "Confesión", Lev Tolstoi)

viernes, 9 de noviembre de 2012


Búsqueda de textos, de líneas, de ese párrafo escondido. Hay que revolver y revolver paja para buscar ese grano que puede andar donde menos lo esperas. Escuchar buena música. Intentar apartarse de la obsesión económica general, esa que hace que en estos días la gente se tire por la ventana y parezca que no pasa nada. Es una sociedad muy enferma. Todos los estamos. Es como una gran gripe general por culpa del dinero. Hay que arroparse con libros. Muchos libros. La educación, la mejor educación posible, la formación de uno mismo, la lectura permanente, el estudio de idiomas, la lucha permanente por la dignidad, por ser independiente, no otro borreguito.


“La vieja mano/ sigue trazando versos/ para el olvido”
(de “Diecisiete Haiku”, Jorge Luis Borges)


martes, 13 de marzo de 2012

No parar ni quedarse quieto. Termino las biografías de “Magallanes” y “Fouché” de Zweig, muy entretenidas, sobre el loco portugués que quiso dar la vuelta al mundo por un paso que nadie confiaba que existiera y el ministro francés de Napoleón, revolucionario y rival de Robespierre, que supo navegar por los mares de la política y cambiar de cara y piel numerosas veces. A por otro, a por lo que sea, a leer, a escuchar el nuevo álbum de Sinéad O´Connor o bucear en la discografía de Giuliano Carmignola. A planear una cosa u otra, sin amodorrarse, levantándose, hojeando este o aquel libro, viendo o repasando una u otra película, intentando informarse, saber lo que significa realmente nuestra reforma laboral, o que pasa en la carrera electoral francesa, leyendo unos y a otros para intentar formar el criterio propio, no el criterio borrego.

“Una gota de aceite no puede calmar un océano turbulento, ni una tierra del tamaño de un alfiler tener sometidas unas tierras cien mil veces más extensas. Desde un punto de vista racional, la ilimitada expansión de Portugal representaba un absurdo, una quijotada de las más peligrosas. Pero lo heroico es siempre irracional y antirracional; siempre que un hombre o un pueblo se lanzan a una empresa que rebase su propia medida, crecen también sus fuerzas hasta lo nunca imaginado.”
(de “Magallanes”, Stefan Zweig)

jueves, 19 de enero de 2012

Mala semana por culpa de la ineptitud, ignorancia y desidia de los típicos que no hacen bien su trabajo y al hacerlo juegan a la ruleta rusa con el tuyo. Es un país de Urdangarines, de pelotazos, de ladrones encorbatados, un país que dice “Si hay que leer paso”, si es subtitulada no entro, si hay que pensar no va conmigo. Es la borreguización, la dictadura de la ignorancia abriéndose paso a cuchilladas. Menos mal que aún puede uno buscarse un rincón en alguna parte y leer tranquilo, mientras todo va al ritmo de sálvese el que pueda.

En un rincón vi anoche “Los descendientes”, de Alexander Payne, una delicia que habla de la dificultad de vivir, de dar pelea en lo cotidiano y hoy por la mañana terminé de leer “La humillación”, una reflexión de Philip Roth también sobre esa dificultad, a veces titánica, cuando se une a la vejez, el callejón sin salida se mire como se mire. Quedamos a la espera de ver la adaptación al cine que harán Barry Levinson y Al Pacino.

         " ¿Cuánto tiempo llevas aquí sin compañía de nadie?
             Lo suficiente para sentirme más solo de lo que jamás creí que pudiera sentirme. A veces es asombroso, aquí sentado un mes tres tras otro, una estación tras otra, y pensar que todo continua sin ti. Igual que te ocurrirá cuando mueras.
             ¿Y que pasó con tus actuaciones? - le preguntó ella
              Ya no actúo. "
(de “La humillación”, Philip Roth)

jueves, 5 de enero de 2012

Arrancó el nuevo año con un tiempo suave que le lleva a uno a pensar que la primavera no queda tan lejana. La primavera llegará, la dignidad ya veremos. Nuestro nuevo ministro de economía, Luis de Guindos, dice que la banca necesita cincuenta mil millones de euros para sanearse. ¿Y los currantes? ¿Cuántos millones de euros necesitan? ¿Y los mileuristas y submileuristas? ¿Y la gente aplastada y olvidada? ¿Y la gente joven empujada a la borreguización y la desesperanza? Parece que a nadie le importa que se saneen. Lo mejor es que no piensen, que estén desactivados y atontados. La televisión pública está podrida. La prensa prostituida. La cultura minimizada e invadida por el poder del dinero. De nuevo surgen esas palabras totalmente necesarias: dignidad y resistencia. Mientras, ando un tanto despistado con la lectura, así que arranco con una tarea fácil, un ensayito de Stevenson de pocas páginas que defiende detenerse en medio de la corriente del trabajo cotidiano, del conocimiento árido y frío, de llenarse la cabeza con palabras que rápidamente olvidaremos. De vez en cuando, hay que hacer novillos.

“... Pues verá, señor, como me puede llegar pronto el momento de salir al mundo, deseo observar que es lo que comúnmente hacen personas de mi situación y dónde se encuentran los abismos y espesuras más terribles del camino; así como también, qué modo de subsistencia es el que ofrece mejores condiciones. Más aún, estoy aquí, tumbado junto al agua para grabarme a fuego eso que mis maestros me enseñaron a llamar paz y satisfacción.”
(de “En defensa de los ociosos”, Robert Louis Stevenson)

martes, 6 de diciembre de 2011

La imagen de la crisis es la de los locales cerrados, la de monobloques de pisos vacíos o a medio construir, la de bibliotecas y universidades decadentes, la del desprecio por la lectura, la de la dictadura de la ignorancia, de un modo de vivir que resulta ajeno y cada vez comprendo menos. Es la imagen de la desunión europea, la esquizofrenia española, los desmanes de unos pocos, la avaricia, el egoísmo, el sálvese el que pueda, la intoxicación informativa y el adoctrinamiento de la masa en un único sentido. Usted apechugue con lo que le dicen y no lo cuestione. Hay una aparente democracia, en la que uno puede aislarse o apartarse, pero a costa de diferenciarse sustancialmente. Ante ese maremágnum y la dificultad para saber como maniobrar, como dirigir el timón, apunto alguna u otra cosa que espero me ayude. Hubo un apagón hace un par de noches en mi barrio, y la pequeña luz del móvil me servía para guiarme por la casa, para intentar tropezar lo menos posible. Hay que buscar pequeñas linternas, o velas, o cualquier pequeña luz para guiarnos en el apagón cultural y moral acechante, que poco a poco puede invadirnos por completo. En la reciente feria del libro en México, coincidieron Vargas Llosa y Hertha Müller. Apunté algo de lo que dijeron, como si fuera una de esas pequeñas luces. De Vargas Llosa: “La literatura nos crea un tipo de desasosiego que nos hace más difícil ser manipulados. Por eso siempre ha sido considerada como algo sospechoso por los regímenes que quieren controlar la vida de la gente de la cuna a la tumba. La literatura es un instrumento de defensa de la libertad”. Hertha Müller: “La escritura es clave para comprender la vida. Es un medio único para oponerse a las dictaduras”.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Anda uno en estos días en perpetua confusión, con los rescates, con el referéndum de Papandreu, con las reuniones de “Merkozy” (denominación acuñada por algún avispado periodista para el tándem de Merkel y Sarkozy). Parece que nadie sabe nada, que esto no hay quien lo arregle y que es un sálvese el que pueda. Esto tiene poco que ver con la Unión Europea de los grandes propósitos, objetivos y solidaridades. La Unión Europea, económica y algunos pronosticaban que política, parece una paella mal hecha. Será que no damos para más. Los que estamos al sur de los Pirineos, mientras tanto, tampoco parece que pintemos mucho. Somos una especie de país fantasma a rebufo de todo, que no sabe o ha olvidado de donde viene y que no importa a donde va, intentando mantener la anestesia de fútbol y otras matracas que siempre funcionan. Es una pura esquizofrenia, un absurdo. Y yo mientras, intentando escribir, al menos, alguna línea con sentido, veraz. Si no sale, hay un par de torres de libros esperando, mucha música, muchas películas, fotografías, mucha curiosidad. La esperanza es aprender algo, mejorar un poco, escapar de la dictadura de la ignorancia, la dictadura de nuestros días, de la que habla Paco Ibañez. Ese es mi palo mayor del barco, aunque no se sepa donde se va. Hay que seguir para adelante. Con todo. Hay un precioso texto de Ricardo Baroja (“Como se graba un aguafuerte”) que leí en estos días, que habla de ese empeño, que ha de ser constante frente a las limitaciones que cada uno tiene. Intentaré tenerlo presente, no olvidarlo, yo que a veces olvido si voy al primer o al tercer piso

“...cuando toda mi actividad de aguafortista es quizá nociva, inútil para conseguir expresión artística, entonces es cuando más creo en lo inesperado corregido, en el accidente aprovechado, en la casualidad adaptada, en que aparezca algo genial, algo que esté por encima de lo correcto.”
(de “Como se graba un aguafuerte”, Ricardo Baroja)

*la imagen es "Modistas en el café", de Ricardo Baroja