Bitácora de Sergio Casado
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domingo, 3 de marzo de 2013


Ánimos y desánimos. Dos meses embarcado en empresas titánicas, pero ilusionantes, ineludibles. Cuando son los desánimos los que tornan más fuertes, me escondo o me aturullo, pero confiando en que saldremos por alguna parte. Hasta entonces, al menos, pensaremos en sacudirnos el invierno de encima y despertar en primavera.


“A la sazón, mi objetivo más importante era el cabo de Buena Esperanza”.
(de “A bordo del Spray”, Joshua Slocum)

jueves, 6 de septiembre de 2012

El cabo de Buena Esperanza


Unos días estupendos de arranque de septiembre. Un instante breve antes del otoño. Las preocupaciones, los malestares, las dudas, la confusión, están siempre metidas en las lentejas de cada día, pero hay que mantenerse firme en el barco. Arranqué esta bitácora hace un año, intentando recordar, tener siempre presente el viaje de Slocum en el Spray. Tengo el libro siempre cerca, a mano, para leer un párrafo o una página. Es un leit-motiv, una manera de ver y encajar. No podemos perder las ilusiones, ni dejar de alegrarnos por estar vivos, por caminar un rato, por vivir en paz, entre tantos problemas (pequeños o grandes). Y a esos problemas, no apartarles la cara, no mirar para otro lado, no esconderse. Estar vivos y luchar. Y cuando se pueda, disfrutar.

“... No es que las temiese más a bordo del Spray que en un barco grande, sino que siempre he preferido, a ser posible, el tiempo bueno en cualquier circunstancia. Verdad es que en toda época puede encontrar tempestades fuertes en las cercanías del cabo de Buena Esperanza, pero en verano son menos frecuentes y no duran tanto. … ”.
(de “A bordo del Spray”, Joshua Slocum)

lunes, 5 de septiembre de 2011

La fugacidad


La fugacidad del día luminoso con R. y M. El tamaño de un plató de televisión, muy distinto a lo que tu imaginabas viendo simplemente el programa. La fugacidad de la imagen del edificio apuntalado, cuando cruzo por el Portillo. La luz de la tarde de septiembre, del atardecer, sobre la fachada de Casa Emilio. El cansancio del callejeo. La incertidumbre continua por lo que seguirá. La ansiedad. Y todo que pasa. La alegría y la viveza, mezclada con los fantasmas, que siempre andan escondidos, asustando.

“Leí los nombres de otros muchos barcos. Copié algunos de ellos en mi diario. Había otros que eran ilegibles. Muchas de las cruces estaban carcomidas y caídas... y faltaban otras. El aire se hallaba sobrecargado de tristeza, y para arrancar de mí aquella sensación deprimente, volví a bordo con ánimo de distraer el curso de mis ideas absorbiéndome en los pormenores de mi viaje.”
(de “A bordo del Spray”, Joshua Slocum)