Bitácora de Sergio Casado
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domingo, 28 de abril de 2013

La maraña


Ánimos y desánimos (de nuevo). Volvieron los algarazos y la lluvia, pero quedan los refugios (de nuevo). El absurdo, un juicio laboral incomprensible, un transcurso del tiempo y una incomunicación que no ayudaron y un viaje en solitario. ¿Y el paisaje del fondo? El del sálvese el que pueda. Pero no nos hundimos: seguimos a flote y buscando la primavera. Y encontrando los rincones para seguir leyendo.

“... Cuando ya no se sabe que creer, ni está uno dispuesto a hacer de detective aficionado, entonces uno se cansa, arroja todo lejos de sí, abandona, deja de pensar y se desentiende de la verdad, o lo que es lo mismo, de la maraña. La verdad no es nunca nítida, sino que siempre es maraña.”
(de “Los enamoramientos”, Javier Marías) 

sábado, 1 de diciembre de 2012


Días de frío. Mañaneos de cierzo. En las bibliotecas busco algún párrafo, me distraigo a menudo del camino recto. De la biblioteca de la Facultad de Derecho, me deslizo a la María Moliner. Me voy por los cerros de Úbeda. Las palabras de estos días son Gao Ping, mafia, preferentes, Bankia, Caja3, despidos, fusión. Cojo aire: desconcierto, suicidios, Iberia, sanidad, privatizaciones, subcultura, Wert. Paro. FROB. Ollie Rehn. Ajusto mi bufanda y mi abrigo y de nuevo me enfrento a esta ventolera, con café y libros.


VISTA CANSADA
No achaques a tu edad,
este desinterés, la indiferencia
-casi desdén-
con que hoy miras la vida.
No culpes a tus ojos fatigados.


La fatiga
no está en los ojos que miran,
está en todo lo que ven.
(“Vista cansada”, de Ángel González)

lunes, 13 de agosto de 2012


Lío fenomenal por el desorden que tengo, en el que no sé si ir para adelante o para atrás, si calmarme o seguir revolucionado. No sabe uno que rumbo tomar, que camino es el bueno, que consejo vale y cual no. Libros leídos aquí o allá, todos en desorden, en un sitio o en otro, papeleos variados, certificados, cartas, correspondencia desmadejada, tristezas y alegrías que difícilmente casan. Un demonio interno que me mata y no entiendo, que no me deja ver claro en una niebla espesa, que no me deja ver quien soy realmente.

“Aquel hombre era un demonio.”
(de “Martín Eden”, Jack London)