Bitácora de Sergio Casado
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lunes, 16 de junio de 2014

Los abismos creados

Ante la incertidumbre permanente, queda intentar entenderla, moldearla, adaptarse a ella, cambiar de piel cada día intentando esquivarla, burlarla, observarla sin que te mire con toda su intensidad, que te ciega y te aplasta. Varado en esta bitácora, en la lectura consciente y permanente, no dejo escapar al más reciente Miguel Sánchez-Ostiz, ejemplo de una literatura honesta y descarnada. Seguir su trayectoria es seguir el sendero de los pros y contras de la lucidez ante lo que está pasando, ante el derrumbe de lo que conocíamos, ante los abismos creados, que no podíamos imaginar, ante las ruinas producidas por el paso del tiempo.

"Poco importa si lo que ves, lees o escribes está muy visto si te sirve para espantar el murciélago, ese pájaro sombrío que te ronda de día y de noche; te tiene que resbalar, si no, estás perdido."
(de "Con las cartas marcadas", Miguel Sánchez-Ostiz)

jueves, 23 de agosto de 2012


Ola de calor que no le deja a uno pensar, si ya piensa por lo general en madeja revuelta e inconsciente. Pudre el verano, a veces, o con insistencia. Escapo apenas a ratos, con películas, con libros como el más reciente de Miguel Sánchez-Ostiz y con la primera novela de Scott Fitgerald, con la reciente biografía de Mainer sobre Baroja. Algún baño en el mar, muchos picotazos de mosquitos, muchas vueltas en la cama sin conciliar el sueño, una brújula interior que anda loca. El firme deseo de que llegue ya septiembre, de cambiar la perspectiva a marchas forzadas, si yo no encuentro mi propia manera de cambiarla.


“La asombrosa manera en que tú mismo te metes en callejones sin salida, o en cepos, creyendo que corres en campo abierto”.
(de “Idas y venidas”, Miguel Sánchez-Ostiz)


jueves, 22 de septiembre de 2011

Dieciocho días

Dieciocho días para buscar. ¿El qué? No lo sé. Hoy terminaban y el tren quedó parado un buen rato hasta que enviaron otro a recoger a los viajeros. Un viaje en AVE previsto para hora y cuarto que acabó durando más de tres. Mientras, releía un libro de Miguel Sánchez-Ostiz, “Liquidación por derribo”, después de haber terminado en estos días con lo previsto, como un Unamuno (“Abel Sánchez”) y lo no previsto, como Hemingway (“A moveable feast”). Hubo pues, tiempo para el viaje solitario en trenes, en autobuses, a pie. También para estarme quieto. Hubo tiempo caluroso de fin de verano, y un encuentro con D. y la naturbier en Madrid, también la buena comida y la buena compañía en Santander, las grandes caminatas por el rincón de Mataleñas, Somo o Pedreña y la modorra final en Tarragona. Uno de mis viajes, vamos, que no sé si son mejores o peores, pero son los míos. Al final, las ganas de volver a casa y las ganas de tirar para adelante, que no es poco.

“... de mi vida empujada, mal dirigida, yo qué sé, un barullo del que precisamente saco la fuerza para seguir con mi escritura, pase lo que pase, rediós, pase lo que pase.”
(de “Liquidación por derribo”, Miguel Sánchez-Ostiz)

jueves, 1 de septiembre de 2011

La vuelta de la esquina


Andamos los tres de aquí para allá, sin objetivo claro que no sea la crema pastelera.   ¿Por aquí?   No, mejor por esta calle, cruzando las obras, no encontrando lo buscado.   La charla, la temperatura perfecta del fin del verano.  Mucha gente en la calle.  Dando vueltas y volviendo a deshacer el camino, una crema pastelera que devoramos.   Seguimos andando.  ¿Qué hacemos?  ¿Tiramos por aquí?   De repente giramos por donde no estaba previsto y a la vuelta de la esquina aparece  otra crema pastelera.  Azar.  Decidimos repetir, entramos y R, entusiasmado, dice: "¡Mira, mira, también tienen de nata!".   Salimos contentos, listos para el empacho.   Luego seguimos caminando hasta la plaza de San Francisco, donde nos sentamos cansados.

Los viajes, la confusión, la mañana pesada y los libros, como caminos a los que vuelves, que andas y desandas.  Hoy, un post-it en "Vivir de buena gana", de Miguel Sánchez-Ostiz.

"...esos momentos de todo viaje largo, en los que la mirada se vuelve perezosa, los imponderables se imponen y tu misma vida se convierte en un laberinto."
(de "Vivir de buena gana",  Miguel Sánchez-Ostiz)