Bitácora de Sergio Casado
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miércoles, 30 de julio de 2014

Lo minúsculo

El libro, la escritura, como viaje. La lectura de "Micromemoria", de Miguel Mena, hace unos meses, es un vuelo ligero que te lleva a contemplar lo minúsculo, lo muy pequeñito, a la síntesis del recuerdo, de lo vivido, real o ya puro sueño. Y surge de repente lo casual. Me encuentro una tarde a Mena junto a la plaza del Pilar y le comento ese microrecuerdo, el de un concierto de Franco Battiato en Zaragoza en 1986 en el que yo no estuve. Pero soy el puente a una grabación de alguien del pasado, que salva ese sonido, ese microsonido, ese puñado de canciones, que quedan en una cápsula, como un residuo, como un fósil de la música y la voz de Battiato, del joven locutor Mena. Como guiño a lo casual, a lo raro, a lo que nos sorprende, a lo escondido, le dejo una grabación en CD en Radio Zaragoza. Mena vuelve a Mena. Se reencuentra consigo mismo, con su voz.
A los pocos días me telefonea, me agradece la grabación, ese microsonido, esa micromemoria atrapada en la tela de araña y me dice que junto a otros compañeros, escuchándola, casi treinta años después, le decían que la voz era la misma, que no había cambiado. ¿Será que Mena es el mismo Mena? ¿Somos los mismos? No lo sé. Somos apenas esa micro, muy micromemoria.

"Recuerdo a Franco Battiato hablando en italiano con Sandro D´Angeli y yo en medio de ambos, en el centro de gravedad permanente, disfrutando de aquella conversación que sonaba a música cálida y envolvente."
(de "Micromemoria", Miguel Mena)

jueves, 29 de septiembre de 2011

Desvíos de lo cotidiano

Hay un par de libros empezados en este jueves luminoso y caluroso de finales de septiembre. Algún otro al que no pierdo la vista en mi mesa. Otros aquí cerca en otra pila. Otros dos de la biblioteca pública. ¿Por dónde tiro? Hay un camino marcado, más claro, más obvio. Hay una ruta cotidiana, que te empuja a seguirla; ahí andan el azar, el destino, las circunstancias. Pero de repente, a veces, surge algo inesperado. El otro día R. me invitó a comer en el Gran Hotel. Salgo de la ruta y subimos unas escaleras hasta personas inesperadas y una comida excepcional y única. Salimos de allí y volvemos a lo conocido, a lo cotidiano. Y hoy hay varios encuentros inesperados, azarosos, por la calle, en un desvío cotidiano que nos lleva fuera del lugar en el que normalmente estarías. El desvío lleva a la lectura del libro inesperado, a la película, a un cuadro, o a una mujer. El desvío lleva a lo escondido, quizá sólo a un paso, como esas escaleras del restaurante del Gran Hotel. El desvío a lo no visto. ¿Cuál es el camino?
Al final abro el libro cercano, leído y seguramente releído próximamente, “A moveable feast”, de Hemingway, aquí traducido como “París era una fiesta”. Lo encontré en Madrid, en la cuesta de Moyano, en un desvío. Paso páginas y releo.

“... Así mi subconsciente haría su parte de trabajo y entre tanto yo escucharía lo que se decía y me fijaría en todo, con suerte; y aprendería, con suerte, y leería para no pensar en mi trabajo y volverme impotente para rematarlo.”
(de “A moveable feast”, Ernest Hemingway)