Bitácora de Sergio Casado

jueves, 6 de septiembre de 2012

El cabo de Buena Esperanza


Unos días estupendos de arranque de septiembre. Un instante breve antes del otoño. Las preocupaciones, los malestares, las dudas, la confusión, están siempre metidas en las lentejas de cada día, pero hay que mantenerse firme en el barco. Arranqué esta bitácora hace un año, intentando recordar, tener siempre presente el viaje de Slocum en el Spray. Tengo el libro siempre cerca, a mano, para leer un párrafo o una página. Es un leit-motiv, una manera de ver y encajar. No podemos perder las ilusiones, ni dejar de alegrarnos por estar vivos, por caminar un rato, por vivir en paz, entre tantos problemas (pequeños o grandes). Y a esos problemas, no apartarles la cara, no mirar para otro lado, no esconderse. Estar vivos y luchar. Y cuando se pueda, disfrutar.

... No es que las temiese más a bordo del Spray que en un barco grande, sino que siempre he preferido, a ser posible, el tiempo bueno en cualquier circunstancia. Verdad es que en toda época puede encontrar tempestades fuertes en las cercanías del cabo de Buena Esperanza, pero en verano son menos frecuentes y no duran tanto. … ”.
(de “A bordo del Spray”, Joshua Slocum)

jueves, 23 de agosto de 2012


Ola de calor que no le deja a uno pensar, si ya piensa por lo general en madeja revuelta e inconsciente. Pudre el verano, a veces, o con insistencia. Escapo apenas a ratos, con películas, con libros como el más reciente de Miguel Sánchez-Ostiz y con la primera novela de Scott Fitgerald, con la reciente biografía de Mainer sobre Baroja. Algún baño en el mar, muchos picotazos de mosquitos, muchas vueltas en la cama sin conciliar el sueño, una brújula interior que anda loca. El firme deseo de que llegue ya septiembre, de cambiar la perspectiva a marchas forzadas, si yo no encuentro mi propia manera de cambiarla.


La asombrosa manera en que tú mismo te metes en callejones sin salida, o en cepos, creyendo que corres en campo abierto”.
(de “Idas y venidas”, Miguel Sánchez-Ostiz)


lunes, 13 de agosto de 2012


Lío fenomenal por el desorden que tengo, en el que no sé si ir para adelante o para atrás, si calmarme o seguir revolucionado. No sabe uno que rumbo tomar, que camino es el bueno, que consejo vale y cual no. Libros leídos aquí o allá, todos en desorden, en un sitio o en otro, papeleos variados, certificados, cartas, correspondencia desmadejada, tristezas y alegrías que difícilmente casan. Un demonio interno que me mata y no entiendo, que no me deja ver claro en una niebla espesa, que no me deja ver quien soy realmente.

Aquel hombre era un demonio.”
(de “Martín Eden”, Jack London)

miércoles, 8 de agosto de 2012


Días en Madrid achicharrado, para atiborrarme de cine, rematar la trilogía de Baroja con “Los amores tardíos”, maravillarme con ese Jack London de “Martín Eden”, ver las exposiciones de William Blake, Hopper o E.L. Kirchner. Me retiro un rato. Camino y voy allí y allá. Pero los momentos en que me encuentro mejor es cuando estoy con un libro, buscando frases o párrafos mágicos, cuando escucho algo de música clásica o cuando de mañana voy a hacer la compra al mercado. Son los pequeños pasadizos para salir de la confusión y la incertidumbre, sabiendo que mi pesimismo y ansiedad no pueden sacudirse de cualquier manera. Se puede vivir con poco, comprar libros baratos, comer humildemente, y olvidarse del Jekyll que te habla con la otra voz, la voz de otro yo.


Éste es un gato español, traído de un barco. Es tuerto y está lleno de heridas. Es un gato aventurero; debe ser soldado de algún duque de Alba gatuno. Yo le llamo viejo bandido; asesino de gatos pequeños. Suele pasar tres y cuatro días fuera, no se sabe en dónde, y, según parece, riñe con los demás gatos. Después de sus excursiones vuelve a casa y pasa días durmiendo en una silla, cerca del fuego, hasta que, sin duda, toma fuerza y se larga de nuevo a seguir sus aventuras”.
(de “Los amores tardíos”, Pío Baroja)


martes, 7 de agosto de 2012

El olvido de sí mismo


Casi tres meses de parada laboral, yendo y viniendo, sin nada claro. Pura confusión e incertidumbre pero el deseo permanente de que no se pudra el ánimo, de seguir la pelea y en los momentos de bajón, la necesidad de buscar algo, lo que sea, para ir de nuevo para arriba. Para seguir levantándose de la lona si te sacuden algún guantazo. Para no pensar que ese ambiente funesto que hay por doquier no es sino otra prueba. Agarro como siempre a Stevenson y Vailima y dan ganas de seguir disfrutando d buen tiempo, del verano, de que estamos vivos, de que hay que olvidarse de uno mismo, de los fantasmas y demonios internos más pesados, los que más incordian.


Si hubiere aquí alguien enfurruñado como un niño, ocúpate de él e ilumínalo. Vierte sobre él la claridad del día, para que se vea a sí mismo y se avergüence. Guíalo hasta el cielo, Señor, por el único camino celestial: el olvido de sí mismo. Y que se haga la luz sobre quienes lo rodean, a fin de que ellos lo ayuden y no siembren su camino de obstáculos”.
(de “Oraciones de Vailima”, Robert Louis Stevenson)

viernes, 13 de julio de 2012


Han pasado 62 días, si no cuento mal, desde que se acabó esa rutina que habían sido los últimos diez años para mí. Rutina la mayor parte del tiempo agradable y agradecida. Pero ya pasó y ahora voy como un pato mareado, de aquí allá, tren va y tren viene. La extraña necesidad de no quedarme quieto, como si eso fuera peligroso. No sé si estoy en lo cierto, pero en eso sigo. Y sólo paro un rato, en este mareo, para leer o escribir un rato, para recoger uno de los libros pendientes o imaginar que soy capaz de escribir algo nuevo que sea convincente para mí. Vuelvo hoy de un viaje de un día a Barcelona, paseo gótico y de Barrio Chino, con J. , con una caminata constante y fugaz que me lleva a A. y M, al barrio de Gracia, al instante de una copa que saboreas e intentas mantener en el tiempo. Pero ya pasó, ya volví, ya estoy otra vez con mis libros y mi bitácora, con mi confusión, con mi incertidumbre.

- ¡Qué raro es todo, eh! ¿Verdad que todo es rarísimo?”
(de “La hermandad de la buena suerte”, Fernando Savater)

domingo, 8 de julio de 2012


Unos días, como un oasis, para la típica playa, vuelta a la modorra, vuelta a los libros que había aparcados o sin terminar, a nadar en el mar, para ver las finales de Wimbledon. Mientras, en plena incertidumbre laboral, el futuro parece más misterioso que nunca, pero queda apartado, o aparcado (como los libros) mientras dure el verano, mientras el sol nos tenga tumbados y descansando. Aprovecho para terminar la continuación de las aventuras y amores de Larrañaga en “Las veleidades de la fortuna”. Una delicia. Un placer.

... El río corre con su terrible y amenazadora corriente. En la orilla opuesta se destacan, negras y sombrías, las masas de folalje y las torres de la catedral. Algunas luces brillan aquí y allá, los faroles del puente se reflejan en el agua y aparecen iluminadas las ventanas de un gran hotel.”
(de “Las veleidades de la fortuna”, Pío Baroja).