Bitácora de Sergio Casado

lunes, 16 de junio de 2014

Los abismos creados

Ante la incertidumbre permanente, queda intentar entenderla, moldearla, adaptarse a ella, cambiar de piel cada día intentando esquivarla, burlarla, observarla sin que te mire con toda su intensidad, que te ciega y te aplasta. Varado en esta bitácora, en la lectura consciente y permanente, no dejo escapar al más reciente Miguel Sánchez-Ostiz, ejemplo de una literatura honesta y descarnada. Seguir su trayectoria es seguir el sendero de los pros y contras de la lucidez ante lo que está pasando, ante el derrumbe de lo que conocíamos, ante los abismos creados, que no podíamos imaginar, ante las ruinas producidas por el paso del tiempo.

"Poco importa si lo que ves, lees o escribes está muy visto si te sirve para espantar el murciélago, ese pájaro sombrío que te ronda de día y de noche; te tiene que resbalar, si no, estás perdido."
(de "Con las cartas marcadas", Miguel Sánchez-Ostiz)

domingo, 27 de abril de 2014

Quietos los árboles

Caminar allí y acercarse a los árboles. Detenerse ante ellos. Caminar a lo que fue, a lo que es y todavía existe. Ahí cerca, unas pedaladas, o un paseo hasta el Parque Grande, orgulloso de su nombre, José Antonio Labordeta, permanente recuerdo de la promesa de tenerle presente, de leerle, de releerle. La búsqueda de sus poemas, de su narrativa, de sus artículos, de su discurso, de su fantasma, del Jardín de la Memoria, frente a la Paletonia, la ignorancia, lo vulgar, lo que nos ha deshumanizado y nos pudre por dentro. Para eso están los árboles, las flores que lo plagan en la primavera que libera de la intemperie. Esa primavera que ha de ser de lucha y resistencia. Observarlos. Los árboles. Quietos los árboles en el Parque Grande José Antonio Labordeta.

"Quietos los árboles del paisaje
las voces íntimas
se refugian en los lejanos hogares olvidados.
Todo está como estuvo siempre
menos tú y yo,
corazón, cansados ya de albergar utopías."
("Quietos los árboles", José Antonio Labordeta)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Fantasmas

He pasado buena parte del invierno poseído por el trabajo para reunir los textos, poemas, cuentos, críticas, del desaparecido Manolo Marinero. Es un libro que existe, allá, en un estante misterioso, en alguna parte, un libro antología que quiere hacerse. Y publicarse. No es mi voluntad. Es la suya. La voluntad de ese libro que quiere ser. Está allá, en ese estante único, al que sólo yo podré o no podré acceder. Nadie lo leyó nunca. Hay polvo, herrumbre, pero quiere ser descubierto. Quiere que yo lo coja y lo abra, quiere la portada de Lizano, la reivindicación de lo desvanecido, el cine y la vida que fue, el sueño que puede ser por un instante recuperado, antes de volver a su estante, al olvido, al misterio.

Así, sin darme cuenta, entré en Marzo, pensando si debo seguir persiguiendo fantasmas, de todo tipo. Todo es un fantasma.



Y el cine es el resquicio de la buena gente, la rendija, el opio del agnóstico”
(Manolo Marinero)

sábado, 28 de diciembre de 2013

El vagabundo

Termina el año y rescato un poema de Stevenson, "El vagabundo". Encontré dos traducciones durante los meses pasados, y leyéndolas, buscando el original de Stevenson, intenté crear mi propia traducción. Traducir es, de algún modo, fracasar estrepitosamente ante el original, pero a mí me sirve de tatuaje, de marca en el camino, de estos meses, de lo que es mi búsqueda. Es también un recuerdo, y como no, la invitación constante para descubrir y redescubrir a Stevenson, para tenerlo también siempre presente, como a Slocum. Con este poema me despido de 2013, antes de adentrarnos en ese banco de niebla que es el nuevo año. No nos rendimos ante el otoño y el plan es no rendirse ante el invierno.


Dadme la vida que quiero
Y el resto os lo regalo.
Dadme la alegría del cielo en lo alto
Y cerca el camino apartado.
Dormir en el monte para ver el firmamento
Comer mientras cruzo el río -
Allí está la vida para un hombre como yo
Siempre será esa mi vida.

Tarde o temprano estalla la tormenta
Que caiga sobre mí.
La tierra me rodea,
Y ante mí el camino.
Riqueza no busco, ni amor ni esperanza,
Ni que me acompañe un amigo.
Todo lo que busco, el cielo en lo alto
Y a mis pies el camino.

Dejad que caiga el otoño
Allí donde me he distraído
Callará el pájaro del árbol
Y mis dedos quedarán amoratados
Blanca como la harina la campiña helada -
Cálido el refugio junto al fuego -
No me rendiré al otoño,
¡Ni me rendiré al invierno!

Tarde o temprano estalla la tormenta
Que caiga sobre mí.
La tierra me rodea,
Y ante mí el camino.
Riqueza no busco, ni amor ni esperanza,
Ni que me acompañe un amigo.
Todo lo que busco, el cielo en lo alto
Y a mis pies el camino.
("El vagabundo", Robert Louis Stevenson. Trad. Sergio Casado, 2013)










viernes, 13 de diciembre de 2013

Intentando con alguna pequeña lectura ser un poco menos analfabeto, sigo avanzando con Orwell. Tras leer "Recuerdos de la guerra de España" y "Sin blanca en París y Londres", formidables, sigo la recomendación de mi hermano y E. me presta "Rebelión en la granja". El libro es, sencillamente, de los mejores que he leído nunca. Va directo al grano. No falta nada. No sobra nada. Aterrador. Actual, como esta Europa que vuelve a las andadas de la Hipocresía permanente. Como nuestra "neolengua" de diga ajustes no diga recortes. No viene mal esa lectura. Me agarro a eso y a empezar el trabajo de un nuevo libro, sobre el poeta, crítico, cineasta, guionista, novelista, lúcido y bebedor, Manolo Marinero. Es una antología de sus escritos; he arrancado con fuerza, con muchas ganas, en un camino que estaba ahí llamando, permanentemente. Cualquier cosa para espantar a los fantasmas.

"Mientras tanto, la vida seguía siendo dura. El invierno era tan frío como el anterior, y la comida aún más escasa. Nuevamente fueron reducidas todas las raciones, exceptuando las de los cerdos y las de los perros. "Una igualdad demasiado rígida en las raciones - explicó Squealer -, sería contraria a los principios del Animalismo". De cualquier manera no tuvo dificultad en demostrar a los demás que, en realidad, no estaban faltos de comida, cualesquiera que fueran las apariencias. Ciertamente, fue necesario hacer un reajuste de las raciones (Squealer siempre mencionaba esto como "reajuste", nunca como "reducción"), ..."

(de "Rebelión en la granja", George Orwell) 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Leer

En Madrid pasaron muchas cosas. Estuve unos días, viendo exposiciones de Chris Killip, Meliés, Magnum First, viendo alguna película, vagabundeando, tomando algún vino y charlando con H., N., y D. Y en una librería de segunda mano, casualmente, apareció "Un pueblecito. Riofrío de Ávila". Lo leí con placer en el tren de vuelta. Una vieja edición de Austral y un libro muy curioso, del que había oído hablar gracias a Borau (gracias doblemente a D.). Algunos fragmentos son de gran altura, especialmente en el epílogo final. Volveré a este libro, releeré algunas de sus partes más de una vez. Eso es seguro.

"... Lees mucho; mas la lectura -lo dijo Montaigne, nuestro amigo, hace mucho tiempo-, la lectura entristece. Al tío Cacharro le haces decir alguna vez: "Siempre está vuestra merced encerrado; otros señores se divierten, ya asistiendo al baile, ya jugando a la calva; y así se pasa el tiempo. Yo no sé cómo vuestra merced no se aburre. Tanto leer no puede ser bueno." Tú mismo lo conoces, y experimentas los efectos de la melancolía producida por la lectura. Tanto leer no puede ser bueno. ¿Pero qué vas a hacer si no lees? ¿Qué vamos a hacer -tú, yo y otros tantos- si no leemos a filósofos, poetas, literatos, autores de todo género y catadura? Leer: ése es nuestro sino."

(de "Un pueblecito. Riofrío de Ávila", Azorín)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Nunca olvidaré un pase en el Pedro Cerbuna de la película "El sol del membrillo", de Víctor Erice. Antes de la proyección se nos hizo entrega de un pequeño librito que contenía un texto de Erice titulado "Cine y poesía". Aquel texto, precioso, que reflexionaba sobre el cine como revelación, quedó guardado entre mis libros, unido al recuerdo de aquella película, a la presencia del propio Erice, allí cerca. Y lo rescaté hace unas semanas porque mi amigo D. estaba interesado en leerlo. A raíz de aquello busqué otros textos de Erice, maravillándome con la sensibilidad en su escritura en pequeños ensayos o artículos dispersos. Y acabe leyendo por fin el guión de "La promesa de Shanghai", adaptación de Erice a un texto de Marsé, a la que el cineasta dedicó varios años de trabajo para acabar no pudiendo rodar la película. Otra de esas películas proscritas, que no consigue rodarse, o que no consigue ir más allá del trabajo en el guión, o que se hace pero apenas nadie la ve, o que se hace, se ve, pero pasa pronto al olvido. En realidad la mayoría de las películas, en su fugacidad, pasan pronto al olvido. A veces las olvidamos recién vistas. En otras ocasiones quedan como un buen o mal recuerdo, o quedan en aquella escena que nos inquieta, o quedan de cualquier otra manera. Erice se refería en aquel texto sobre la poesía y el cine a este último como revelación, al instante, el momento preciso en que vemos la película. Pura fugacidad. Todo pasa, y también el cine, que es la vida. Están hechos de la misma materia, que se destruye.
Afortunadamente, el guión de Erice se publicó, y lo encontré en la biblioteca del barrio. Una belleza, sin más. Leyéndolo tenía la sensación de estar ante una obra maestra. En momentos puntuales también sentí algún tipo de revelación, imaginando la película, las escenas. ¿Cómo hubieran resultado? Pero esta vez el cine adoptaba no la forma de imagen y sonido, sino la de la palabra escrita. Y tuve la sensación de que también era cine. Porque también tuve la sensación de la revelación, esa que se produce al cruzar el umbral del sueño.

CAPITÁN BLAY
Por allí se va al combate... y también a la dignidad.
/ Blay indica ahora el lado opuesto./
CAPITÁN BLAY
A este lado queda la vida regalada, el deshonor y la cobardía...”

(del guión cinematográfico “La promesa de Shanghai”, Víctor Erice)